Mensaje del P. Julio Ortiz en el XVII domingo ordinario

Queridos hermanas y hermanos de Santa María Reina de la Familia. 

Este domingo seguimos con el Evangelio de san Mateo (13,44-52), que dice así:

“El Reino de los Cielos es como un tesoro escondido en el campo que, al encontrarlo un hombre, lo oculta y, en su alegría, va y vende todo cuanto tiene y compra aquel campo. Asimismo, el Reino de los Cielos es como un comerciante que busca perlas finas y, cuando encuentra una perla de gran valor, va y vende todo cuanto tiene y la compra. Asimismo el Reino de los Cielos es como una red barredera que, se echa en el mar y recoge todo clase de cosas. Y cuando está llena la arrastran a la orilla, y se sientan para echar lo bueno en cestos, y lo malo tirarlo fuera. Así será el fin del mundo: saldrán los ángeles y separarán a los malos de entre los justos y los arrojarán al horno del fuego. Allí habrá llanto y rechinar de dientes. ¿Han  entendido todo esto? Sí, le respondieron. Él les dijo: Por eso, todo escriba instruido en el Reino de los Cielos es como un hombre, amo de una casa, que saca de su almacén cosas nuevas y cosas antiguas.”

Comentando este Evangelio (Ángelus, 30-VII-2017) el Papa Francisco destacó dos características que se refieren a poseer el Reino de Dios: “La búsqueda y el sacrificio”. Efectivamente como bien lo sabemos todos, el Reino de Dios se nos ha ofrecido, pero no en bandeja de plata. Es indispensable la acción personal. Es necesario buscar, caminar, hacer. Es evidente que la actitud de búsqueda es la condición esencial para encontrar. El Papa pone un broche de oro a su reflexión y nos dice: “es el Reino de Dios que se hace presente en la persona de Jesús. Él es el tesoro escondido, él es la perla de gran valor. Él es el descubrimiento fundamental que puede dar un cambio decisivo a nuestra vida llenándola de significado”.

Para ese cambio radical y continuo que el Señor nos pide viene muy bien el programa recomendado por san Josemaría, que será siempre actual: “Que busques a Cristo. Que encuentres a Cristo. Que ames a Cristo” [Camino n. 382). Así animaba a todos, el Fundador del Opus Dei, a poner afán generoso  en la amistad con Cristo, en vivir de amor por Él. Y también repetía: “Nuestro tesoro es Cristo; no nos debe importar echar por la borda todo lo que sea estorbo, para poder seguirle” (Amigos de Dios)

Esta gran verdad, queridos hermanas y hermanos, debe conmovernos. En realidad, el tesoro del cristiano —o la perla preciosa- es Cristo mismo, que nos ofrece su amor y su amistad; por Él vale la pena posponerlo todo en la jerarquía de nuestros afectos e intereses.

Jesús también compara el Reino de los Cielos, con una red barredera, que, en lenguaje de los pescadores, recoge a todos sin distinción. Pero al final, viene un juicio, una selección, como el que hacen los pescadores con los peces en la orilla, para desechar los que no son buenos. Esta parábola es por tanto una visión metafórica del fin del mundo, del juicio final, que precede a la posesión definitiva del Reino por parte de quienes lo han merecido durante su vida. Nosotros, por la misericordia de Dios, estaremos entre ellos.

Para poder realizar lo que el Señor nos pide contamos con la ayuda de Santa María, Madre de Dios y de cada uno de nosotros. Madre de Caridad y de Esperanza. No dejemos de pedirle con insistencia que la pandemia del coronavirus termine (¡ya!) en todo el mundo y en nuestra querida Patria.

Reciban la bendición de Dios Todopoderoso, Padre, Hijo y Espíritu Santo. 

Guatemala, 26 de Julio de 2020

Así sea

“Todos con Pedro, con el Papa, a Jesús, por María”

Les rogamos sus ofrendas para cubrir las diversas necesidades de la iglesia Santa María Reina de la Familia.  Esa ayuda nos urge ahora, más  que en los meses anteriores. Muchas gracias. El Señor se los pagará.