Una historia de fe, esfuerzo y esperanza

La familia Ordóñez Velásquez es un ejemplo claro de cómo la fe y el trabajo duro pueden abrir camino incluso en las situaciones más difíciles. Don Tomás y Doña Carmelina, junto a sus tres hijos, han sabido mantenerse unidos y salir adelante, confiando siempre en Dios.

Un día especial lleno de fe

El domingo 23 de febrero fue un día inolvidable. En la Iglesia Nuestra Señora de la Paz, el padre Juan Bautista Robledillo bautizó a la pequeña Sheili. Además, sus hermanos Miguel (8 años) y Gustavo (14 años) recibieron con gran alegría su primera comunión.

Durante un año entero, los tres hermanos se prepararon con dedicación para recibir los sacramentos. Para Don Tomás y Doña Carmelina, que han inculcado la fe en sus hijos desde pequeños, este momento fue motivo de gran agradecimiento.

Familia

Trabajo y sacrificio para salir adelante

Desde la pandemia, la familia tuvo que dejar su pueblo para buscar mejores oportunidades en la capital. Aunque el camino no ha sido fácil, han sabido enfrentar cada reto con valentía.

Don Tomás y Doña Carmelina trabajan incansablemente. Cada día, a las 3:00 de la madrugada, salen juntos al mercado La Terminal para comprar frutas frescas. Luego, con la ayuda de sus hijos, montan su negocio frente al centro comercial Las Américas. Desde temprano hasta la noche, venden fruta fresca con una sonrisa, atendiendo a quienes pasan por el lugar.

Gustavo, el hijo mayor, es un joven admirable. Después de ayudar a instalar el puesto familiar, se encarga de varias tareas: trabaja atendiendo una carreta de shucos, lleva a su hermanito Miguel al colegio y, en el camino, ofrece servicios de lustrado de zapatos.

Aunque este año no pudo inscribirse en la escuela por algunos requisitos que solicita el Ministerio de Educación, no se desanima. Gustavo está decidido a prepararse para retomar sus estudios el próximo año y alcanzar un mejor futuro.

Miguel, por su parte, está feliz de haber comenzado su primer año en el Colegio San Judas Tadeo. Esto ha sido posible por la beca gestionada por la Fundación de Solidaridad (Fundasol) de la iglesia Nuestra Señora de la Paz.

Y la pequeña Sheili siempre acompaña a sus papás, jugando y descansando cerca del puesto, sin perder la sonrisa.

Unidos y agradecidos

Después de largas jornadas de trabajo, la familia regresa a su cuarto para descansar y estar listos para empezar de nuevo al día siguiente. Don Tomás cuenta que los domingos por la tarde aprovechan para llevar a los niños al parque, disfrutar un rato en familia y agradecer por las bendiciones recibidas.

A pesar de las dificultades, esta familia nos enseña que la fe, el esfuerzo y la unión pueden hacer posible cualquier sueño.